Sherlock, regresando a Baker Street.

Miss me?

Elemental, mi querido Watson.

Probablemente las 4 palabras más clichés que puedes encontrar en cualquier reseña de algo que sea relativo a las aventuras del mejor detective del mundo, con el permiso de Batman. Pero la frase, cautiva y funciona. Funciona casi también como la serie de la BBC nos ha demostrado a lo largo de los casi 7 años que lleva apareciendo esporádicamente en nuestras pantallas.

Iniciando el año, justo 365 días después del hermoso especial que transcurría en 1895, los británicos Steven Moffat (Dr. Who) y Mark Gatiss (Dr. Who) nos vuelven a mostrar con una maestría igualada por pocos al momento de escribir un guión sólido, agradable e inteligente.

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Una de las mejores cosas que tiene esta serie es, obviamente, el casting. Benedict Cumberbatch y Martin Freeman ya son referentes en la historia de Sherlock por siempre. Tanto Cumberbatch como Freeman se siente tan cómodos con los personajes que es un deleite ver su trabajo y con cómodos no me refiero a que holgazanean en su interpretación sino todo lo contrario; el tiempo que tienen trabajando con estos personajes los ha hecho conocerlos y poderlos llevar a la vida con una facilidad impresionante. Cuando son graciosos te mueres de la risa y cuando lloran, lloras con ellos. Increíble. Todos los secundarios son un gran aporte a las historias con una mención honorífica a Amanda Abbington que su papel en la serie no ha hecho más que mejorar y mejorar. Cabe destacar, aparte al gran Andrew Scott que en su papel de Moriarty es tan extravagante y atemorizante a la vez que simplemente no puedes no amarlo.

Como mencioné antes, el guión es algo que es increíblemente agradable al espectador. Presentando historias complejas y que no suponen una ofensa a la inteligencia de aquellos que vemos el show. Los diálogos bien planteados y tan acordes con los personajes que, como he dicho, todos los involucrados en la serie ya conocen y han sabido tratar tan bien. Un guión cuyo flujo, siempre rápido como la mente de Sherlock, no marea ni disminuye en presentarnos las aventuras del par que recorre todo Gran Bretaña, a veces sin salir de su habitación.

Otro punto a favor de esta serie es la dirección. La manera de representar visualmente ciertos pasajes ocurridos en su totalidad en la mente de nuestro detective es brillante. Los encuadres, la iluminación, la ambientación y la ejecución. Simplemente bello. Es muy emocionante ver todo lo que puede hacer un buen director que se nota se engrandece a la vista de un guión que lo fuerza a tratar cosas únicas y modos también únicos, o al menos no tan usuales, de desplegarlas.

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Pero nunca nada es perfecto, ni siquiera Breaking Bad lo fue, y la cuarta temporada pierde puntos cuando vemos a Sherlock tratando, y sobreviviendo, situaciones a nivel casi superheroico. Pero vaya, les perdonamos esto debido a que la serie tiene que crecer para no caer en la repetición que fácilmente se podría dar y que fuera más que obvia debido a los escasos episodios por temporada que recibimos.

Uno que otro detalle de producción que se ha ido entre las manos también afecta en general a la serie, que no a la historia, más que nada porque no es perdonable que en series de esta envergadura existan estos fallos.

También podría argumentarse que hay escenas las cuales juegan brutalmente con las emociones y expectativas de los ya asiduos fans, pero esto tal vez sea solo una queja muy personal.

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Quizá esta sea la última vez que veamos al dúo dinámico de la calle Baker pero si lo es o no,  sin lugar a dudas esta temporada fue memorable.

Para todos los amantes de las buenas historias y buenas series, ver este gran programa es “elemental, mi querido Watson.”

Calif: 8.8/10

Author: SvPrime52

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